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¿Quién es y que se requiere para ser guía espiritual?

03/20/26
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El guía espiritual es una persona que tenga formación religiosa, filosófica o teológica que desea ayudar a los pacientes, que se acerca a ellos e intentará ponerse en la misma situación que el paciente y su familia están viviendo a causa de la enfermedad y en lugar de querer imponer una respuesta, una oración o quizás un sacramento, los acompañará en sus angustias, sus esperanzas, sus rechazos, sus dolores y les ayudará a caminar por este camino siempre desconocido y siempre sorprendente de la enfermedad y lograr alcanzar una reconciliación con sus creencias, con Dios, la vida, las personas y el universo.
Para trabajar como guía espiritual se requiere una preparación y capacitación para garantizar la eficacia y buena realización del servicio de apoyo espiritual en los enfermos.

¿Cuál es el rol del guía espiritual con el paciente?

El rol del guía espiritual debe de realizarse en una doble dimensión:

• Dimensión simbólica:
- Habilidad en el escuchar y sintonizar con las historias personales.
- Habilidad para convertirse en amigo de los pacientes.
- Flexibilidad y cortesía para aceptar el rechazo sin sentirse personalmente ofendido.

• Dimensión ritualista:
En la parte ritualista es necesario contar con el apoyo de un sacerdote o pastor religioso quien además de favorecer la comunicación y relaciones interpersonales, sabe “ofrecer” otras dimensiones de la vida de fe de la Iglesia en toda su riqueza y plenitud, como:

Ser vehículo de desahogo espiritual del enfermo mediante todo tipo de encuentro, facilitando conversaciones explícitas sobre la fe, Dios, la otra vida, el sufrimiento, a modo de desahogo espiritual.
Ayudar a redescubrir y depurar la imagen auténtica de Dios, como Padre y Señor de la vida que acoge y perdona.

Presentar a Jesús como Salvador, el Resucitado, que también ha pasado por el mismo proceso de sufrimiento y muerte.

Aportar sencillas catequesis donde se deje claro que la enfermedad no es consecuencia de su pecado, evitando muchas fases depresivas por este motivo. Como mucho, se puede afirmar que la enfermedad es un misterio, parte integrante del mismo misterio y finitud del ser humano.

La enfermedad, además, no se explica ni se razona desde la fe, sino que se ilumina y se vive desde ella. Y ante todo y siempre, manifestar un respeto máximo a sus creencias. Se trata de exponer el Mensaje, nunca de imponerlo.

Invitar a la participación en las celebraciones rituales: sacramentos. Procurar la oración del enfermo y con el enfermo.

Desarrollar el papel como guía espiritual, confesor y experto en facilitador de relaciones humanas.

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